Por el Msc Enrique R. Martínez Díaz, CEID
Una de las paradojas de la llamada Globalización Neoliberal es que, (a pesar de que la economía mundial tiende a la integración; y que gracias al surgimiento de Internet y la Televisión por Satélite supuestamente estamos viviendo en una “Aldea Global”), han resurgido y se han acrecentado los conflictos regionales, y muchas entidades estatales se han ido atomizando, como es el caso de la URSS , Yugoslavia, etc.
El reciente conflicto en Georgia forma parte de este fenómeno, aunque lógicamente tiene sus propias particularidades. La región del Cáucaso tiene como características, además de lo agreste del terreno, la de ser zona de confluencia de diferentes nacionalidades y denominaciones religiosas, que han convivido en la misma por milenios, aunque no de forma armoniosa precisamente.
La propia Georgia, como estado independiente no existía desde hace siglos, salvo un breve intervalo a finales de la I Guerra Mundial; había sido sometida ó controlada, desde el siglo XII, por árabes, mongoles, persas, turcos, y finalmente por los rusos (estos últimos desde 1783-1800). Otros grupos étnicos que pueblan esa región fueron integrados a la República Socialista Soviética de Georgia durante su pertenencia a la URSS. En ese caso se encuentran las regiones de Osetia del Sur y de Abjazia, que en esa etapa histórica tenían un estatuto de autonomía dentro de Georgia y de la URSS.
Después de desintegrada la URSS , estas regiones, mediante la protección de la Federación Rusa , han mantenido un status autonómico, aun cuando se les consideraba como parte de Georgia. En 1993, para evitar la repetición de choques entre las tropas georgianas y los grupos armados, tanto abjazios como osetios, se situaron tropas de interposición rusas.
El gobierno que alcanzó el poder en Georgia en el año 2004 (la llamada Revolución de las Rosas), incluyó en su plan de gobierno la unificación de país. Este gobierno, de conocida filiación pro-norteamericana, ha realizado una política encaminada a su integración a la OTAN. Tan es así que tenían desplegados en Irak un contingente de cerca de 2300 efectivos 1 (siendo un país de poco más de 4 millones y medio de habitantes).
Es indudable que el gobierno norteamericano y sus aliados europeos están interesados en introducir una cuña en el Cáucaso favorable a sus intereses, tanto geopolíticos como económicos (se dice que a través del territorio georgiano pasaría, proveniente del Mar Caspio, un importante oleoducto hacia el puerto de Ceyhan, en Turquía; eso permitiría a los europeos ser menos dependientes de Rusia en ese rubro estratégico). Al parecer el actual gobierno georgiano está dispuesto a cumplir ese papel. La acción georgiana transluce una factura norteamericana, conocida la vocación de la actual administración de Washington del empleo de la vía militar para la solución de los principales problemas. Recordar que la actual Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana proclama que es una “Wartime Strategy”, ó sea, una Estrategia de Tiempo de Guerra.
Haciendo una valoración simple del resultado de las acciones militares georgianas contra Osetia del Sur, desencadenadas de forma sorpresiva el día 7 de agosto de 2008 mediante la llamada Operación Campo Limpio (según algunas fuentes de una violencia extrema, sobre todo contra instalaciones civiles), parece evidente que los estrategas de Tbilisi, o bien no apreciaron adecuadamente la capacidad de las tropas rusas para contragolpear; o creyeron que sus “aliados” norteamericanos los auxiliarían de forma más decidida y expedita, en caso de apuros. Y es probable que consideraran ambas posibilidades.
Resulta importante considerar que tales errores de cálculo no deben adjudicársele solamente a los georgianos; es muy difícil de creer que los mismos hallan planificado una acción tan importante y osada sin consultar a sus “aliados”; y conociendo lo “precisas” que han resultado las apreciaciones norteamericanas en los mas recientes conflictos (Afganistán e Irak), cabe la presunción. No es la primera vez que se equivocan.
Por la parte rusa, cuya respuesta fue poco menos que fulminante, puede concluirse también lo siguiente: o se habían descubierto las intensiones del gobierno georgiano, y las fuerzas rusas estaban preparadas de antemano (no debe olvidarse que los rusos llevan siglos insertados en la región); o la agrupación de fuerzas militares rusas en la región del Cáucaso es mayor y tiene una mejor disposición combativa que la que pensaban los georgianos y sus asesores. En ambos casos, cabe preguntarse, ¿cómo es posible que los sofisticados sistemas de inteligencia estratégica norteamericanos no fueron capaces de detectar esta situación?
Además es evidente que el equipo que dirige los destinos de la Federación Rusa está en una posición incómoda por el despliegue de sistemas de Defensa Antimisil norteamericano en Europa, y por la pérdida de su influencia en regiones vitales para esa nación como son el Báltico y los Balcanes. Es muy posible que consideraron necesario demostrar que su poderío militar no está tan depauperado como consideran algunos “analistas” norteamericanos y europeos (enviando de paso un mensaje tácito a Varsovia, Praga, Vilnius, Riga, Tallin e incluso Kiev); y que la situación actual de Rusia es lo suficientemente fuerte política y económicamente como para no tener que bajar la cabeza ante las amenazas de la superpotencia y su alianza militar.
Además, han procedido de forma sumamente enérgica, no solo rechazando a las fuerzas georgianas, sino destruyendo una parte muy importante del arsenal militar con que había sido surtido el ejército de Georgia.
Los datos sobre las bajas por ambas partes y las destrucciones que han sufrido las ciudades no son actualmente fiables, máxime cuando las grandes Agencias de Desinformación Masiva han tomado abiertamente partido por Georgia, omitiendo que fue el ejército de esa nación el que inició las acciones bélicas.
El gobierno georgiano debe tener en cuenta que poner sus intereses en manos de los EE.UU. y sus aliados de la OTAN siempre entraña riesgos; ellos generalmente hacen cumplir el viejo adagio de que las grandes potencias no tienen amigos, solo intereses.
Es de esperar que los gobernantes de las pequeñas naciones del Cáucaso tengan en cuenta los resultados actuales de este conflicto y vuelvan a la mesa de negociaciones, para buscar un justo acuerdo que garantice la seguridad, la paz y la prosperidad, sin que nada perturbe el necesario diálogo. Sólo la paz puede traer la felicidad a esos pueblos, y debe estar en sus manos. ¡Un Mundo Mejor es Posible!
1 (http://www.centcom.mil/en/countries/coalition/georgia/ )
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