Por MsC Enrique R. Martínez Díaz, Investigador CEID
Los informes de prensa más recientes dan fe del incremento de las acciones de los llamados piratas que operan en el Golfo de Adén, el Mar Arábigo y regiones cercanas a esos dos cuerpos acuáticos. De manera general, se plantea que la mayoría o totalidad de los mismos son de origen somalí. Es conocida la crítica situación interna que tiene esa nación africana.
Uno de los episodios más recientes tuvo un final espectacular, con el rescate por fuerzas norteamericanas del capitán tomado como rehén, que incluyó la muerte de varios secuestradores.
Otro hecho sangriento lo protagonizaron fuerzas francesas que asaltaron un yate secuestrado, en el cual murió un rehén y varios piratas.
Por su parte, supuestos líderes de estos asoladores del mar declararon que tomarán venganza por la muerte de sus colegas, en especial contra los buques de banderas norteamericanas y francesa, lo cual puede provocar una escalada de las acciones en la zona, previsiblemente con graves consecuencias.
Según cable de AFP, de fecha 14 de abril de 2009 , Noel Choong (1) , director del Centro de Información sobre Piratería de la Oficina Marítima Internacional , en Kuala Lumpur, dijo que los ataques piratas este año ascienden a 78, con 19 secuestros, 17 embarcaciones y más de 300 tripulantes todavía en manos de los piratas. Por cada embarcación capturada, los piratas pueden obtener un botín de un millón de dólares o más.
Otras informaciones se refieren a que se realiza en esa región una Operación llamada Atalanta, dirigida por las Naciones Unidas y la Organización Marítima Internacional (OMI), para enfrentar las acciones de los piratas.
Es este indudablemente un problema muy serio, sobre el cual escribimos algunos comentarios anteriormente, pero que consideramos necesario volver a tocar.
Ante todo, creemos que la causa principal del incremento de las acciones de este tipo (ataques piratas) en esa región está motivada por la caótica situación existente en Somalia, donde millones de personas viven en permanente estado de violencia, sin instituciones que logren normar de forma eficiente la vida del país, y que además sufren hambre y otras calamidades. Esta situación es caldo de cultivo para que muchos tomen la vía del delito para solucionar sus necesidades.
Indudablemente, las características geográficas de la zona y el intenso tráfico marítimo contribuyen a que esta región sea una de las que posee condiciones más favorables para este tipo de actividad.
Debe de tenerse en cuenta que a nivel internacional, la actividad delictiva ha tenido un gran incremento, consecuencia de las grandes desigualdades existentes a nivel global, y de los cada vez más aberrantes hábitos de consumo de las grandes burguesías occidentales. Mientras cerca de mil millones de personas padecen hambre, hay personas que pueden gastarse 30 millones de dólares para dar un viaje espacial, y otras se dan el lujo de tener yates de un desplazamiento de cerca o más de mil toneladas, con lo que pueden viajar a cualquier lugar del mundo con las mismas comodidades que tienen en cualquiera de sus mansiones.
Los hábitos consumistas de las grandes sociedades, sobre todo en el consumo de drogas ilegales, o la trata de blancas (o de cualquier color de piel más exótico, o de edades tiernas), contribuye a que las organizaciones de delincuentes pasen de pequeños clanes familiares a grandes empresas transnacionales, que manejan sumas de miles de millones de dólares. Con estos recursos pueden sobornar funcionarios estatales, gerentes de empresas, altos mandos militares y quién sabe cúantas personas más.
Estas grandes asociaciones de delincuentes también tienen conexiones con los llamados mercaderes de la muerte, que les proporcionan armas y municiones de todo tipo, muchas veces de mayor capacidad tecnológica y volumen de fuego que las que tienen las autoridades de la mayoría de los países pobres.
Cuentan con suficiente dinero, además, para pagar los servicios de los más hábiles y eficientes bufetes de abogados, expertos en hallar los intrincados vericuetos de las leyes burguesas, que permiten a los grandes ladrones de cuello blanco robar millones sin ser castigados, mientras sancionan con severidad al infeliz que roba para comer.
El rango y magnitud que alcanzan estas acciones en la región del Golfo de Adén, crea un grave peligro para la población de Somalia. La gran capacidad de destrucción de las potencias occidentales, encabezadas por EE.UU., puede desatarse sobre la zona. Como sucedió en repetidas ocasiones, la mayor parte de las víctimas no serán los piratas (como no han sido en Irak ó Afganistán los supuestos miembros de Al Qaeda), sino las mujeres, los niños, los ancianos ó aquellos que no tienen relación directa con los ataques a los buques mercantes ó yates de recreo; éstos, incluidos en esa aséptica y anodina expresión de “daños colaterales”, serán los que pongan su sangre.
En tanto en la Riviera Francesa , en los bulevares de París, en los bares o restaurantes de los hoteles de Londres, Nueva York o en cualquiera de esos grandes habitats de la Jet Set internacional, los grandes culpables seguirán viviendo la dulce vida ; a fin de cuentas, ellos no son muy diferentes a los grandes magnates de empresas como la ENRON , AIG, FANNIE MAE, LEHMAN BROTHERS y otras que han desfalcado ó robado miles de millones de dólares al estado o a sus clientes, los cuales, como se conoce, muy raramente van a la cárcel.
Si se tomara una parte de los miles de millones de dólares que se malgastan en lujos o en armas en esas opulentas sociedades occidentales, para ayudar al sufrido pueblo de Somalia, es casi seguro que se reducirían drásticamente las acciones piratescas en esa región del Cuerno Africano. ¡Un Mundo Mejor es Posible!
(1) (http://espanol.news.yahoo.com/s/ap/mun_gen_piratas )
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