Por DrC. Manuel Carbonell Vidal, Vicepresidente del CEID
Sin duda alguna, la región latinoamericana y caribeña marcha a la vanguardia en los procesos de revisión y renovación a que se someten actualmente los esquemas de Seguridad y Defensa a escala mundial. El impulso indetenible de los cambios, el deseo legítimo de innovar, se justifican plenamente con una verdad incuestionable para los académicos, políticos y líderes regionales: la añeja arquitectura aún vigente, diseñada sobre las bases del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Junta Interamericana de Defensa (JID) e incluso la Declaración sobre Seguridad en las Américas, del 28 de octubre de 2003, sufre profundo quebranto.
Y estos vientos refrescantes baten precisamente en una región considerada, con justa razón, como la más pacífica del planeta, donde los gastos militares son bajos si se comparan con otras, y en la que la mayoría de los conflictos entre los Estados suelen encontrar solución por la vía de la mediación diplomática, aunque existen casos pendientes muy preocupantes. Si a esto sumamos que nuestros países no constituyen en este momento la primera prioridad en la política exterior de los Estados Unidos, que sobrecargó su agenda militar en Asia Central y que lucha por salir de una crisis financiera de grandes proporciones, se presenta un escenario favorable para demostrar al resto del mundo cómo deben solucionarse los problemas que afectan a la Seguridad y a la Defensa.
Sin embargo, los retos a enfrentar y los obstáculos a superar para alcanzar la meta son enormes, tanto desde el punto de vista teórico como práctico. Poner de común acuerdo a latinoamericanos y caribeños en estos temas no será fácil, ya que las sucesivas administraciones norteamericanas hicieron muy bien el trabajo de generar divisiones. Como se conoce, las prioridades y modos en que se perciben y determinan las amenazas varían de una subregión a otra. Como resume Ruiz Blanco (1): “en Centroamérica se hace énfasis en la supremacía del poder civil, en el balance de fuerzas, en la seguridad de las personas (seguridad humana), en la superación de la pobreza, en el desarrollo sostenible, en la erradicación de la violencia y la corrupción, en la impunidad, en el terrorismo, el narcotráfico y el tráfico de armas ; el Caribe Oriental otorga prioridad a la prevención del tráfico ilícito de drogas, al rescate en casos de emergencia nacional, al control de migraciones, a la protección de los recursos pesqueros, al control aduanero, a la política marítima, los desastres naturales, contaminación y contrabando ; en la Región Andina se plasman medidas concretas contra el tráfico ilícito de armas de fuego, municiones, explosivos y otros materiales relacionados, se establece la Zona de Paz en la CAN, la limitación de gastos de defensa externa y el control de las armas convencionales, así como el reforzamiento de las medidas de fomento de la confianza; en la Zona del MERCOSUR, Bolivia y Chile , se acordó la constitución de una zona libre de armas nucleares y minas antipersonal, fortalecer los mecanismos de cooperación en asuntos de seguridad, en especial la implementación de medidas de fomento de la confianza y la seguridad, lograr el objetivo del desarme nuclear y el uso pacífico y seguro de la energía atómica” .
Por lo tanto, la primera tarea pudiera ser avanzar, en la práctica, hacia la unificación y consolidación de estos criterios, respetando las asimetrías, particularidades e intereses de cada país y subregión, actualizándolos, poniéndolos a tono con la situación política, económica y social que se vive, en el que los problemas vinculados a la “seguridad pública” , léase incremento sostenido del crimen organizado, pone en riesgo la gobernabilidad en varios países. Por otro lado, y en el plano netamente teórico, sería beneficioso resolver definitivamente el dilema existente entre los conceptos de “seguridad humana” y “seguridad cooperativa” : el primero, refrendado como base del pensamiento y la acción en la Declaración sobre Seguridad en las Américas ya citada, que pierde fuerza cada día ante sus propias contradicciones; y el segundo, que ahora resulta el más aceptado en los medios políticos, sociales y académicos, pero que aún necesita ser pulido hasta la perfección.
La reciente creación del Consejo de Defensa Suramericano es una muestra clarísima de que se trabaja febrilmente para conquistar nuevos horizontes. El camino que se sigue de avanzar desde lo particular, que es la Defensa , a lo general, que es la Seguridad , aportará seguramente excelentes dividendos. El Grupo de Río y las Cumbres del ALBA pudieran ser los cónclaves idóneos para alcanzar el debido consenso. Actuar se debe con la firmeza de espíritu de Julio Cesar , cuando al cruzar el cauce del Rubicon volviendo a Roma dijo: “la suerte está echada” ("Alea iacta est" ), es decir, “una vez hecho, no hay retorno” . La oportunidad es única y no existe razón para perderla. Inteligencia es lo que sobra en el Sur para la búsqueda de soluciones propias.

(1) Resumido de Miguel Camilo Ruiz Blanco. Visiones de Seguridad en las Américas. En La Seguridad Regional en las Américas. Enfoques Críticos y Conceptos Alternativos. Editor Wolf Grabendorf, Friedrich Ebert Stiftung en Colombia, Fondo Editorial Cerec, Bogota, 2003, pág. 124 – 125.
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